Las Yemas de Santa Teresa más Tradicionales

Tiernas, sabrosas, saludables… Las conocidas como yemas de Santa Teresa son uno de los dulces de Navidad más tradicionales que, si bien se consumen mucho más en estas fechas, no son exclusivos de la Navidad.

Conocidas por muchos como yemas de Santa Teresa de Ávila por ser la ciudad en la que nació la santa, y ser también el lugar de España donde las yemas dulces se venden como souvenir con más fuerza (en otras ciudades castellanas cercanas como Segovia también podemos encontrarlas), estas delicatessen son muy demandadas antes y durante las fechas navideñas para tomar, y para regalar.

Al ser muy ricas en calorías (y lo mismo pasa con la mayoría de dulces navideños y con los dulces conventuales en concreto), las yemas de Santa Teresa son el dulce invernal por antonomasia. Esos aportes de energía que ayudan a combatir los fríos de la meseta castellana, o a llevarlos con una sonrisa en la boca al menos.

Yemas de Santa Teresa al Chocolate, y mucho más

Pero aparte de la clásica yema tostada recubierta de azúcar, la tradicional yema de Santa Teresa, existen otras versiones que han venido a enriquecer la oferta de yemas. Si eres un apasionado de de este dulce, te gustará poder probar las yemas de Santa Teresa de chocolate, al ron, etc. La marca Santa Teresa las trabaja con maestría, y son todo un reclamo allá donde se venden. Sólo de pensar en ellas se nos hace la boca agua…

Yemas de Santa Teresa y Yemas de Santa Clara, ¿son lo mismo?

Hay que decirlo claro: sí, son lo mismo. Como sabrás, en muchos conventos de monjas clarisas también se elaborar deliciosas yemas, y en muchos sitios se emplea también la denominación de yemas de Santa Clara para referirse a ellas, creando cierta confusión. Pero más importante que el nombre que le demos, es la correcta elaboración de las yemas, en la cual van a desempeñar un papel importantísimo los huevos usados. Si son de granja ecológicos, se nota.

Tiene su gracia, pues en la elaboración de las yemas dulces, como imaginarás, las claras de los huevos son un excedente que hay que usar para hacer otras elaboraciones. Por eso, el hecho de que también se les conozca como yemas de Santa Clara, aparte de rendir homenaje a la Santa, podría entenderse como pequeño tributo a las a veces incomprendidas claras de los huevos, menos valoradas gastronómicamente que las yemas por su menor aporte nutricional, de sabor, etc.

Cuidado con comprar Yemas de Santa Teresa Baratas

Las yemas de Santa Teresa no son un dulce caro, pero tampoco son baratas. En las dulcerías, las podemos encontrar al peso, o por unidad, y en cualquier caso es un dulce que tiene su categoría. Por eso, si nos encontramos con yemas de Santa teresa baratas, o muy baratas, deberíamos desconfiar de entrada, salvo que sean cajitas con un número que justifique un precio bajo. Es mejor comerlas de vez en cuando de calidad, que muy a menudo con una baja calidad.

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Cómo hacer Yemas de Santa Teresa

Claro, que si te lanzas, la forma más barata de conseguir unas deliciosas yemas de Santa Teresa, es hacerlas tú mismo. Si existen varios nombres, te imaginarás que existen también distintas recetas de yemas de Santa Teresa, pero puedes partir de cualquiera que sea de fiar y, a partir de ahí, cuando las hayas hecho varias veces, incorporar tus propios toques de cocinero. ¡Manos a la obra!

Dónde comprar Yemas de Santa Teresa

Como hemos dicho ya, se pueden comprar en pastelerías de Castilla León (sobre todo), y en toda España durante los meses invernales. Pero las yemas de Santa Teresa también se producen a nivel industrial, y las vamos a encontrar en las zonas gourmet de dulces de Carrefour, El Corte Inglés, y muchas tiendas de productos típicos en toda España.

Pero lo más típico sería comprar las yemas de Santa Teresa o Santa Clara en los conventos de monjas que se dedican a vender dulces. Si optamos por esta vía, además de conseguir las mejores y más típicas yemas posibles, haremos una buena obra, al contribuir al mantenimiento de los propios conventos y de las congregaciones de monjas, que dedican sus vidas a la clausura con una finalidad que se puede entender y compartir, o no, pero cuya nobleza es innegable.

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